lunes, 24 de octubre de 2011




Texto por Beatriz Martí / Ilustraciones por Leonardo Berges / Arte digital por José Luis Pagán
Junto al desarrollo de ciencias exactas como la astronomía y las matemáticas, y de artes como la arquitectura, los mayas crearon una explicación sobre el origen del mundo, la forma del universo y las deidades que lo habitan.
    Esta manera de interpretar el cosmos y de vincularse con él determina la vida cotidiana y da respuestas a las interrogantes místicas y religiosas de la comunidad. Define, asimismo, lo sacro y lo profano, el pasado, presente y futuro, y el papel de cada persona. Incluye a dioses benévolos y malignos, remotos y cercanos. Se ocupa también de la muerte, la estancia en el más allá y la reencarnación.
    Estamos, pues, ante una cosmovisión que atribuye a divinidades la clave de todo.

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SUSTENTO DE LOS MAYAS
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Cuando Colón se topó con América, no andaba en busca de un nuevo mundo, sino de una ruta más corta, fácil y segura para llevar a Europa las preciadas especias del Oriente. Pero descubrió algo más valioso: el maíz.
Texto por Juan José Morales / Ilustraciones por Carlos Porras y Roberto Franco
Las grandes civilizaciones de Mesoamérica —mayas, aztecas, toltecas, zapotecas, mixtecas, olmecas, entre otras— no habrían podido existir sin el maíz: ese grano duro y blanquecino o amarillo, fue auténtico eje de su agricultura y base de su alimentación. Vivían de y para él, por lo cual estaba profundamente engranado a todos los aspectos de su vida, desde la mitología y la religión hasta la medicina.
    Superiores en productividad a cualquier cereal del Viejo Mundo —trigo, arroz, sorgo, cebada y centeno—, las cosechas de maíz permitían no sólo alimentar todo el año a sus cultivadores, sino también generar excedentes para sostener a la élite gobernante de sacerdotes, astrónomos, guerreros, escribas, funcionarios públicos y artistas que manejaban las complejas sociedades precolombinas. Además, al tener garantizada la subsistencia, los campesinos podían dedicar tiempo a la construcción y conservación de caminos, murallas, templos, plazas, palacios y grandes conjuntos arquitectónicos que en su tiempo superaron en dimensiones, belleza y esplendor a cualquiera de Europa.
    Los mayas consideraban que el maíz fue una dádiva de los dioses a los hombres, y que cultivarlo era un deber sagrado. Lo tenían en tan alta estima, como para simbolizarlo con el jade, por su color verde y, sobre todo, por ser un mineral precioso. Incluso, según el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, el ser humano fue hecho de maíz luego del fracaso que los dioses tuvieron al probar con otros materiales.
 
 


























LOS  LIBROS DEL CHILAM BALAM
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El jaguar, símbolo de nobleza entre los mayas.
Por Beatriz Martí
En el México del siglo XVI, la Iglesia católica sirvió como fuerza evangelizadora y educadora, aunque su único propósito fuese propagar la fe. Poco después de la conquista —entre 1519 y 1549—, frailes españoles enseñaron a los mayas a leer y escribir en castellano (además, en algunos casos, latín). Al idioma indígena se le adaptó el alfabeto llegado de ultramar, añadiéndole a éste signos representativos de los sonidos que le eran ajenos.
    La nueva escritura se organizó para fines puramente religiosos, pero los mayas —que tenían su propia forma de escribir— pronto captaron el potencial del nuevo alfabeto. Utilizándolo, asentaron de todo, desde profecías y rituales hasta peticiones a la corona española. De esos manuscritos, ninguno más importante que Los Libros del Chilam Balam.
    Con el vocablo chilam se designaba a los sacerdotes, chamanes o videntes nativos; balam significa "jaguar" y en este caso fue utilizado conforme a su acepción de título honorífico. El chilam balam o sacerdote-jaguar pudo haber sido una persona real, en honor de cuya grandeza se impuso su nombre a los manuscritos
    Tal como han llegado a nosotros, estos libros contienen mucha información sobre la vida en el Yucatán colonial; tangencialmente, se nota el influjo del medio en que fueron escritos, la cultura española. En lo básico, dejan constancia de las tradiciones religiosas y mitológicas de los mayas. Asimismo, es de gran importancia la "cuenta de los katunes", pues trata sobre los principales sucesos de la historia, vistos conforme al concepto maya del tiempo cíclico.
    Un determinado libro del Chilam Balam, poseído por un pueblo o grupo, lo guardaba su jefe, sabio o sacerdote. Para lograr su rápida identificación, al libro se añadía el nombre de ese grupo; de ahí que tengamos, por ejemplo, un Chilam Balam de Chumayel. Además de éste han sobrevivido los de Maní, Tizimín, Laua, Ixil y Tusik. Al conjunto de estas obras se lo conoce bajo el título de Los Libros del Chilam Balam.

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